Melina Alzogaray: “Me gustaba que la estructura narrativa de Acuáticos invitara a una diversidad, como la que invita la selva”

La escritora Melina Alzogaray cuenta en diálogo con Babilonia cómo fue idear, planificar, vivenciar y dar forma a “Acuáticos” (Fruto de Dragón), que acaba de recibir el Premio Burnichon como el Mejor Libro publicado en 2025, y  que narra su viaje de fascinación y descubrimiento a la selva Misionera. 

Leer, a veces, se parece a caminar en una selva. Deambulamos despacio entre palabras de distinto peso y texturas tratando de no tropezarnos con ninguna de ellas. Algunas son livianas, otras pesadas, la mayoría familiares, otras no tanto. Nos detenemos a mirarlas y repetimos su sonido para incorporarlas. Nos llama la atención, tal vez, un adjetivo extraño, desconocido, y lo descubrimos como a las hojas de las plantas que crecen dentro de la maleza; detallamos su forma, su color, su tamaño. Avanzamos sumergidos en una trama que nos invade y que de a poco nos empieza a mostrar un mundo que convive en perfecta armonía. Y cuando nos damos cuenta, ya somos parte de ella. 

Debo reconocer que cuando abrí por primera vez “Acuáticos” no supe leerlo. Lo tomé, mecánicamente, como cualquier otro libro, creyendo que mis lecturas previas me permitirían decodificar -como siempre- lo que debía entender, que el camino lector que me había llevado hasta ahí, haría lo suyo. Me sorprendí al no encontrar conexión en lo que leía. Iniciaba con una crónica, de repente saltaba a una lista de viaje y cuando cambiaba de página me sorprendía una descripción con términos botánicos. Lo dejé reposar en la mesa de luz un tiempo. 

Quizás eso era lo que necesitaba, tiempo. Y algo pasó.

Hace casi dos años vivo en un lugar rodeado de mucha naturaleza -o al menos mucho más de lo que me había acostumbrado en los últimos años-. Mis ojos, entonces, se han habituado a reconocer y distinguir la diversidad que me rodea. No recuerdo qué, pero algo de ese paisaje me recordó “Acuáticos” y fue ahí que entendí. No sólo precisaba mi camino lector para entender este libro, sino también mi experiencia como alguien que se ha movido del lugar donde estaba y abre otra vez sus ojos. Mi lectura, entonces, fue fluida -como lo solicitaban sus hojas- y me dejé llevar por el sendero que su autora había trazado para mí. 

Melina Alzogaray dice que nació viajando, que parte de su ADN está en el movimiento. Sin embargo, cuando uno la escucha, siente que sus palabras echan raíces. Son sólidas, potentes y penetran hasta lo profundo. Quedan ahí generando vida. “Acuáticos” es su segundo libro, un libro que -a diferencia de “El pájaro detrás del pájaro” (también editado por Fruto de Dragón), nació con la idea de ser publicado, y por lo tanto, con varias estrategias previas para plasmar en sus páginas. Melina Alzogaray -quien nació pisando los ´80 en México durante el exilio de sus padres y ahora está radicada en Mendiolaza- es viverista, amante de la botánica y los viajes, gestora cultural y también historiadora, por eso, este libro no es solo una crónica sobre un viaje a la selva Misionera, sino también un recorrido antropológico de su mundo y nuestro país, desde su niñez hasta hoy. 

En diálogo con Babilonia, Melina contó con detalle sobre la planificación, creación y búsquedas que tuvo “Acuáticos”, que -para su sorpresa y admiración- fue distinguido por el Premio Burnichon al Mejor Libro publicado en Córdoba en 2025 durante la última edición de la Feria del Libro.    

– ¿Cómo surgió el viaje, el recorrido que luego se convirtió en libro? ¿Con qué objetivos? 

-Nací viajando, soy una argentina que nació en México, una mexicana que creció en Argentina, así que en constante movimiento. Desde que nací aprendí a moverme y andar de acá para allá y a desarrollar -un poco- esta forma de habitar el mundo observando, descubriendo, encontrándome a los demás. El viaje surgió a partir de un vínculo, de un amor con Diego que es biólogo entomólogo y las ganas de ir a conocer juntos Misiones, su ecosistema tan diverso, su monte, su selva y con las ganas de hacer un libro sobre ese recorrido, ese descubrimiento. A diferencia del primer libro que publiqué con Fruto de Dragón “El pájaro detrás del pájaro” donde hice bitácoras de viaje, collage y fotografías que se convirtieron en libro pero que yo no sabía que iba a ser uno, esta vez, Acuáticos, ya surgió con la idea de hacer un viaje para hacer un libro.  

Melina en su viaje realizando actividades.

El contrato de lectura que plantea “Acuáticos” es absolutamente original, es un paseo por diferentes géneros literarios (ensayo, poesía, periodismo, narración). El libro es una selva en sí mismo, que hay que observar de a poco y aprender a ver. Su autora es consciente de eso y entiende que esa decisión está absolutamente ligada a su manera de pararse en el mundo. 

“Lo primero que hice fue imaginarlo, con una estética fanzinera y que tuviera muchas formas de entrar”, señala Melina, “que su estructura narrativa invitara a una diversidad, como la que invita la selva, que tiene sus diferentes estratos (herbáceos, arbustivo, arbóreo, trepadoras). Me gustaba que tuviera varios/muchos pequeñas propuestas literarias, que fueran, por ejemplo, un instructivo para hacer un altar del gauchito Gil, una lista para despedirse de las cosas, una entrevista a un biólogo, una prosa poética, alguna receta, una plantilla de stencil para tatuarse”. 

-¿También con lo visual?

-Me interesaba que tuviera muchísimas imágenes, entonces cuando hicimos el viaje ya estábamos buscando eso. Hicimos un archivo botánico juntando piedras, musgos y luego invitamos a Laura Zanotti para el diseño gráfico y ella tradujo un poco todo este delirio que traía. Tiene que ver, obviamente con mi mirada que tengo del mundo, voy atenta a cada detalle de lo que va sucediendo, en cada color, en cada antena, nube que se transforma, las personas, el encuentro entre las cosas y yo. Tiene que ver con una forma de habitar que es bonito para convidar.  

Dentro de esta selva literaria, Melina abre un claro en el camino donde se detiene a mirar hacia atrás, como buscando recordar de dónde viene para saber dónde va. Así el libro tiene muchas voces actuales pero también recupera voces del pasado. Incluso no solo de quienes cuentan sobre el Litoral, sino -por ejemplo- de tu experiencia familiar durante la dictadura. 

-¿Hubo también una búsqueda antropológica desde ese sentido? ¿por qué enlazar una cosa con otra?

-Además de ser un libro que narra nuestro viaje a la selva misionera, Acuáticos también es un libro que intenta narrar los mojones dentro de un proceso creativo. Me parece interesante, en estos momentos, además de crear y hacer, poder develar los momentos, ciertas pistas que den cuenta de qué es lo que a una la inspira, por dónde se mueve, qué cosas nos permiten cambiar mientras estamos creando. Dentro de eso la literatura está íntimamente relacionada a la escritura, entonces me parecía muy atinado dar cuenta de mi biblioteca, los libros que me vienen acompañando desde toda mi vida. Soy historiadora también, entonces es importante mostrar cómo llegué a ser lo que estoy siendo. 

Hay varios libros: uno es el libro de Ulises Carrión, escritor mexicano que invita no solo a escribir sino a comprometerse en todo el proceso creativo. “Acuáticos” es una oda a eso. Y también está el libro de mi hermano, Tomás Alzogaray, donde habla sobre el desentierro de la biblioteca de mis padres en el patio de mi casa junto al Equipo Argentino de Antropología Forense (Eaaf). 

Esa es mi historia y me parece importante siempre -y hoy también-, dejar algunas cosas claras sobre cómo hemos llegado como país, continente a dónde estamos, y las cosas que vienen sucediendo en estos tiempos.También aclarar cuál es el lugar que tiene Argentina en la distribución de este mundo y cómo EEUU se viene con un plan de invasión y colonización desde hace mucho.  

– Todo el libro nace a partir del movimiento. Tu andar te permite llegar a otros lugares, otra fauna, otra flora, otras culturas, tradiciones, testimonios. ¿Creés que la sociedad en la que vivimos está demasiado quieta aunque se mueve vertiginosamente?

-Tanto Acuáticos como mi primer libro son -sin quererlo- invitaciones a detenerse en los pequeños gestos que acontencen en el camino y a abrirse para desarrollar la sensibilidad para poder conmoverse con cada cosa que está sucediendo y poder espejarse en el color de los geranios o en el sabor del Mbejú. Me parece que está bueno pararse un poco y dar cuenta lo que pasa cuando uno está quieto. 

A veces no hace falta moverse tanto para sentir la vida, sino que desde la quietud y la calma está sucediendo un movimiento que es necesario asumir o recibir y el cual intento yo escucharlo.  

– Pensemos en un lector que toma por azar tu libro en una librería o feria y no te conoce ¿Cómo se lo describirías?

-Es un libro fanzinero, que intercambia muchas moléculas con ese lenguaje. Es un libro para gente joven y que invita a que lo podamos leer de muchas maneras, no solamente sus palabras, sino también de las imágenes y los juegos que convida desde sus páginas. Creo que es un libro divertido, un laberinto, un oráculo. Tiene algo ahí de poder y también es una novela. Todo eso puede ser. E invita tanto al movimiento que incluso su lectura, para quienes se acercan a él, hacen que cambie su ecosistema. 

De izquiera a derecha: Agustina Merro, Melina Alzogaray y Laura Zanotti.

– ¿Qué significó ganar el Premio Alberto Burnichon? 

-Es un premio al trabajo en equipo, como todos los proyectos que se hacen en América Latina. Por supuesto a Fruto de Dragón, una editorial hermosa que trabaja esta alquimia entre las propuestas literarias y gráficas. Es un premio a Laura Zanotti por todo el trabajo de traducir mi delirio. Es un premio a este gozo de una escritora que se involucra no solo en escribir el libro, sino en todo el proceso creativo. Y también es un premio a toda la comunidad de la cual ya me siento parte, porque trabajamos sembrando y cultivando la cultura, el arte, la escritura, lectura y el vínculo con la naturaleza, el monte.

Muchas personas, amigues participaron en el libro, porque una está todo el tiempo escuchando y aprendiendo de los demás. Acuáticos es una manera de nombrar que somos vínculo.

Read Previous

#MeriendaDeAutoras: Una propuesta audiovisual de Babilonia Literaria

Read Next

Se viene el cierre de Terapias Literarias en Salsipuedes