Libros que traspasan el papel: ¿Tiempo de reversiones?

Las remakes de películas basadas en clásicos de la literatura universal como es el caso “Frankenstein” de Guillermo del Toro, “Cumbres borrascosas” de Emerald Fennell, y “Drácula” de Luc Besson, abren el debate sobre los límites entre la fidelidad al texto original y la búsqueda de nuevos enfoques e interpretaciones. 

Por Fernanda Pérez

En nuestra sección Libros que traspasan el papel, decidimos recorrer las recientes remakes cinematográficas que regresan a clásicos de la literatura como “Frankenstein” de Mary Shelley, “Drácula” de Bran Stoker, y “Cumbres borrascosas” de Emily Brontë.

Todas están atravesadas por esa inquietante fusión entre el romanticismo y lo gótico. Así el terror, el amor, y las oscuridades del alma humana, parecen ser los conectores de tres obras que han dado lugar a muchas reversiones y que, al parecer, aún tienen más para decir y contar.

Si bien el debate sobre libros vs. películas es sumamente infructuoso -ya que se trata de dos formatos diferentes que tienen su propio lenguaje y estructura narrativa y que rara vez dejan conformes a lectores- aquí se plantea tal vez otro interrogante: ¿tiene sentido volver a clásicos que hemos leído y visto en innumerables versiones?

En el caso de los tres títulos mencionados, parece ser que sí. Es que sus directores y guionistas se han permitido sumar otras variantes narrativas, perspectivas y enfoques para crear sus propias hipótesis sobre estos relatos universales.

Los más puristas afirmarán que Guillermo del Toro se tomó demasiadas licencias en aquello de contar la historia desde la perspectiva de “la criatura”. Pero a decir verdad Mary Shelley siempre tuvo la lucidez de romper con el maniqueísmo y dejar planteado el verdadero y gran interrogante: ¿quién es el verdadero monstruo de esta novela?

Sobre «Drácula» de Luc Besson, también hay comentarios contrapuestos. Los más críticos afirman que hay demasiadas licencias sobre la obra original, y que el relato está atravesado por cierto toques satíricos que la alejan de su clima. Además, el director y francés, decide instalar al amor como combustión vital del guion. es que sin dudas, la obra de Stoker encuentra en el romance su justificativo. El sentimiento de Drácula por Elisabeta/Mina (aquí los personajes se desdoblan) lo lastima, lo rebela, lo transforma y se vuelve algo así como una obsesión perpetuada en el tiempo. Esa sed de sangre es algo más que puro vampirismo.

Por su parte, la nueva “Cumbres borrascosas” que debuta en los cines en febrero, ya ofreció algunos avances que adelantan una obra de alto perfil erótico que ahonda sobre otros aspectos que podrían haber construido este vínculo pasional, oscuro, eterno y enfermizo de sus protagonistas.

Podríamos decir que cada película se ha permitido hacer una especie de desmontaje del texto  original para construir desde allí su propia versión. Al fin de cuentas ya un clásico original habla por sí mismo. Lo interesante es lo que pueden traer de nuevo estas “licencias”.

Aquí se reafirma aquello que decía Italo Calvino “toda lectura de un clásico es en realidad una relectura”, en especial porque “un clásico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir”.

Sobre Frankenstein

Guillermo del Toro ha demostrado ser “el maestro” de lo inquietante. Desde aquella inolvidable “El laberinto del fauno” pareciera ser que lo suyo es el terror pero en realidad es el drama humano, siempre tan difícil, tan tierno y oscuro a la vez.

En el caso de “Frankenstein” hace una apuesta audiovisual increíble, con imágenes de enorme fuerza poética y metafórica (como la de la mariposa aleteando casi ahogada en el frasco). Eso le permite construir un Victor Frankenstein que tiene algunos nexos conectores con la vida de la propia Shelley. Ambos pierden su madre en un parto, ambos deben convivir con un padre desamorado y ausente, ambos están obsesionados con la muerte, ambos sufren la soledad y la incomprensión.

Pero en este largometraje la historia no solo tiene la mirada de Victor, sino que hay un relato que le da voz a la “criatura”, a su deseo de amar y ser amado, a la necesidad de la supervivencia frente al rechazo de quienes le temen u odian solo por su aspecto.

Es un tratado sobre “lo diferente” y la incomprensión de quienes creen que el mundo se divide entre lo “normal” y lo “anormal”. Tal vez por eso que el personaje de Elisabeth  (interpretada por Mia Goth) se vuelve tan poderoso. Ella puede ver al ser detrás del monstruo, ella es original, divergente, única, piadosa.

La película está bien lograda, es visualmente bella y lleva el personalísimo sello de  Guillermo del Toro. Los actores Oscar Isaac y Jacob Elordi (oculto detrás de un trabajo de maquillaje impresionante) hacen creíble a este filme que invita a mirar el clásico desde otro lugar.

“Frankenstein” está disponible en Netflix.

Sobre Drácula

Por su parte, Luc Besson tomó la genial novela de Stoker y también la hizo propia.

Su narrativa se permite toda clase de licencias y atajos, para dar forma a una creación más hilarante y  en la que el dispositivo dramático es sin dudas la columna vertebral.

Hay giros de la historia que nada tienen que ver con libro, pero sí sirve para entender ese amor incondicional, más allá del tiempo y de la muerte, entre Drácula y Mina (en realidad su amor es Elisabeta, y Mina es una mujer idéntica que encuentra siglos después, en esta versión de Besson).  

Algunos personajes han sido sustituidos por otros, y el elenco conformado por Caleb Landry Jones, Christoph Watlz (actor que también aparece en Frankenstein), Zoë Bleu y Matilda De Angelis,  le imprimen consistencia a esta original propuesta que fue muy bien recibida por la crítica.

El filme se estrenó hace unos meses y aún no se confirma cuando desembarcará en las plataformas.

Sobre “Cumbres borrascosas”

La emblemática obra de Emily Brontë ha dado lugar a innumerables versiones cinematográficas y televisivas: la de William Wyler en 1939 y la de Peter Kosminsky en 1992 (con la inolvidable pareja de Ralph Fiennes y Juliette Binoche),entre otras. También hubieron reversiones juveniles y algunas de menor peso pero inspirada en la línea argumental y en los personajes de este clásico.

En este caso la realizadora Emerald Fennell hace una apuesta jugada: le imprime a la historia de Heatcfliff y Catherine un fuerte contenido erótico. Explora los lados oscuros y obsesivos de la pasión, y en eso la intimidad, los juegos sexuales y el deseo generan una combustión indomable. En palabras de la propia Fennell “es una película agresivamente provocativa y tonalmente abrasiva que se corre de toda fidelidad del texto original”.

En esta adaptación, Jacob Elordi (que al parecer en estos últimos tiempos se ha vuelto una figura muy popular en la pantalla grande) y Margot Robbie  rompen todos los cánones a la hora de interpretar a una de las parejas más emblemáticas de la literatura.

Aunque la versión ya ha levantado algunas controversias, habrá que esperar hasta el próximo 12 de febrero para verla en cines. 

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