El anuncio de la derogación de la Ley 25.542 generó el rechazo de casi la totalidad de los actores que componen el ecosistema del libro en Argentina. Bajo el argumento de hacer más competitivo el mercado y promover la baja de precios, esta medida del gobierno Nacional embiste de manera directa contra la bibliodiversidad y a sus mediadores más directos: las librerías.
Referentes cordobeses miran con temor el avance de una iniciativa que castigará aún más a un sector ya golpeado por la baja de consumo y la pérdida del poder adquisitivo.
Por Fernanda Pérez
“No a la derogación de la Ley 25.542”. La consigna se replica en las redes sociales. La mayoría de los referentes del ecosistema del libro sostienen este reclamo que intenta frenar la iniciativa impulsada por el gobierno Nacional de la mano de un proyecto que lleva impreso la rúbrica del ministro de desregulación Federico Sturzenegger. A poco de que Javier Milei asuma como Presidente de la Nación, se dio a conocer aquella “Ley Ómnibus” y desde allí el tema empezó a golpear a un sector que resiste pese a la crisis, la pérdida del poder adquisitivo, y la inevitable caída del consumo.
Aunque los promotores de dicha derogación se escudan bajo la idea del libre mercado y buscan ganar adeptos con el argumento de que esto favorecería a la baja de costo de los libros, quienes conocen el rubro y forman parte de esta industria cultural, aseguran que el resultado será otro: cierre de librerías, menos circulación y democratización de este bien cultural, y la pérdida de la valiosa bibliodiversidad que caracteriza a la Argentina.
Pablo Kaplun no solo lleva adelante la emblemática librería El Emporio (que cuenta con varias sedes y con un sello editorial) sino que además presidió la Cámara de Librerías, Papelerías y Afines del Centro de la República (Calipacer), afirma: “La mayoría de los actores del sector -a excepción quizás de alguna cadena o de plataformas como Mercado Libre y Amazon- defendemos esta Ley, incluso la cadena de El Ateneo está a favor. En caso de derogarse, lo primero que van a hacer las cadenas o estos jugadores de plataformas muy grandes de venta de por intenet, es bajar el precio. Quizás entre un 15% ó 20% menos. A partir de eso los comercios más pequeños no van a poder subsistir y van a empezar a cerrar. Y cuando empiecen a cerrar, esas cadenas o plataformas van a aumentar los precios de manera indiscriminada. Cuanto menos librerías haya en el mercado más van a poder subir los precios. Por ejemplo en Brasil, donde no existe esta Ley, cuando entró Amazon cerraron las dos grandes cadenas que tenía el país. Allí al principio bajaron un poco al principio pero después quedaron librados y hoy manejan los costos como quieren. En el caso de nuestro país, hay que tener en cuenta que desde su aplicación en 2001, los datos estadísticos muestran que se triplicó la cantidad de títulos editados y se duplicó la cantidad de librerías y editoriales, Todo eso favorece al sector y a la bibliodiversidad”.
Soledad Graffigna que está al frente de la librería independiente Volcán Azul, también aporta algunos datos y ejemplos de países en los que la derogación de la Ley tuvo un impacto demoledor. “Lamentablemente hay casos concretos que nos pueden hacer suponer lo que puede pasar en Argentina. Por ejemplo, en Inglaterra la actividad estaba regulada y, al romper ese acuerdo, cerraron miles de librerías independientes porque los grandes grupos económicos hicieron dumping, es decir que reventaron stock a precios superbajos, eliminaron a los competidores y a partir de ese momento subieron el precio de los libros a costos incluso superiores a los que estaban antes. Y la otra consecuencia -que es muy peligrosa también, es que no solo va a subir el precio del libro sino que se va a perder la bibliodiversidad. Hoy hay muchas editoriales independientes que publican libros por fuera de la cruda ley de la oferta y la demanda. Y eso va a desaparecer cuando los grandes grupos económicos vendan solo best seller o aquellos títulos que más ganancias les generen. Por lo tanto no solo vamos a desaparecer las librerías independientes sino también las editoriales independientes que trabajan codo a codo con nosotros”.
Un poco de historia
La Ley 25.542 se puso en marcha en 2001. Desde entonces se estableció un precio de tapa único para cada libro. Por ende a la hora de adquirir un título en supermercados, en una cadena, en plataformas on line o en una librería del barrio, el costo siempre es el mismo.
Esto impulsó a los locales más pequeños que, como espacio de mediación, siempre ofrecen un valor agregado para el lector.
De hecho, la ley generó Argentina un crecimiento significativo del sector. Más títulos de autores nacionales, más librerías y más editoriales. Una revitalización cultural y económica, que favorece a la descentralización y democratización de la lectura y la actividad editorial.
La derogación de la ley se sustenta en la libre fijación de precios y la aplicación de descuentos sin las restricciones que establece la normativa actual. La argumentación, es similar a la que viene exponiendo el gobierno nacional para otros rubros productivos, comerciales e industriales: favorecer la desregulación (que en realidad siempre benefician a los grandes grupos económicos), garantizar una mayor competencia (sin entender que la “competencia” en este sector no tiene que ver con el precio sino con cuestiones más sensibles y culturales), y la idea de liquidar el stock y vender libros más baratos (algo que puede ocurrir al principio pero que luego no se sostiene).
“Si hablamos de la bibliodiversidad, sabemos que en una librería vas a encontrar los bestsellers que, en cantidad de títulos, representan no más del 5% del total (y eso dependiendo del mes). Las librerías en cambio somos especialistas más bien del fondo editorial, de todos esos otros libros que se exponen y venden además de los best seller. Ahora cuando los supermercados empezaron a vender los libros, ¿qué hacían? Ponían los bestsellers, obvio. Ese porcentaje reducido. No tiene nada que ver con todo lo que ofrece una librería en cuanto a diversidad de géneros. No está mal que los supermercados vendan libros, pero ellos tienen poquitos títulos en relación a una librería (por ejemplo una librería puede tener hasta 50 mil títulos y un súper 1000 como mucho)”, expone Pablo Kaplun de El Emporio quien además agrega: “Este tipo de regulación ha sido tomada por países como España, Portugal, Noruega, Japón, Australia, no es un invento argentino… Y una cosa importante: quien más se beneficia con la Ley es el lector, que puede acceder a muchísimos títulos, géneros, autores, editoriales”.
Frente a esto, Tomás Ottis de El Mundo del Libro (que también cuenta con varias sucursales en la ciudad de Córdoba) se suma a la mirada de sus colegas: “El problema fundamental tiene que ver con la diversidad de catálogo, y eso ataca de alguna manera a las librerías independientes. Probablemente muchas dejen de existir porque empiezan a entrar otros actores: los supermercados, las grandes cadenas, con un fuerte poder de negociación con los proveedores. A eso se le suma la venta online que es cada vez más fuerte … Es un combo explosivo para las librerías medianas y pequeñas”.
Impacto social, cultural y económico
¿Puede entonces que con la derogación de la ley encontremos libros más a precios más económicos? Probablemente sí, por un tiempo. La estrategia, en la mayoría de los casos, ha sido siempre: concentrar, competir con precios que son difíciles de igualar para locales más pequeños, sostener esta práctica para anular o eclipsar la competencia, y finalmente quedarse con el mercado para luego cobrar el precio que les convenga o deseen.
¿Qué hay detrás de este proyecto? En torno a lo que viene sucediendo, los bienes culturales están resistiendo un embate económico e ideológico pocas veces visto. Es difícil pensar que no se quiera preservar el valor cultural, artístico, social y político de un libro.
Las fuentes de trabajo especializadas que nutren al sector, el orgullo de contar con muchísimas librerías a lo largo de todo el territorio nacional, la cantidad de ferias que se realizan a lo largo del año (comerciales, independientes, de editoriales y temáticas), la diversidad de autores/as que no solo copan los top ten de ventas sino que trascienden fronteras de la mano de premios y traducciones, y enorme diversidad de sellos editoriales, instalan a la Argentina en un lugar de privilegio en el mapeo de la literatura internacional.
Sin disidencias
La Ley 25.542 cuenta con el aval de todo el sector. No hay casi voces disidentes. Funciona y sirve. ¿Pueden intereses mezquinos y ajenos al sector quebrar la armonía de un ecosistema que logra sostenerse -pese al contexto- en base a ciertas regulaciones que gozan con el aval de sus actores?
No se trata de solo de librerías. No se trata solo de leyes del mercado (hablamos de libros no de collares para perros). Se trata de defender un sector que genera fuentes de trabajo especializado y que garantiza la circulación de miradas, narrativas, formas, temas y maneras de habitar el mundo, representando así la multiculturalidad de la Argentina.
Miradas
Más aportes de los libreros locales sobre el tema:
Soledad Graffigna (Volcán Azul): “En primer lugar, el problema de los libros no es el precio, es el poder adquisitivo que tenemos los ciudadanos y los trabajadores para acceder a ellos. El segundo punto es que los libros no son un producto como cualquier otro; los libros son un bien cultural. Me parece que el tratamiento sobre esos bienes culturales tiene que ser distinto a las lógicas de la ley de la oferta y la demanda. Y por último, esta es una ley que funciona, que nadie quiere cambiar. Es una ley que está desde el 2001 – después de mucho debate y de llegar a un acuerdo con todo el sector- funciona y no genera costo. Así que, claramente, la intención de este gobierno es desregular para favorecer a grandes grupos económicos, porque no hay ninguna explicación lógica ni ningún problema que vengan a resolver con la derogación de la ley».
Tomás Ottis (El Mundo del Libro): “Es la segunda vez en los últimos tres años que estamos ante esta situación y esperamos que no se derogue. Porque la Ley viene a cuidar un poco la competencia en el rubro. Al no competir por precio, competís por otras cosas, como la diversidad de catálogo, la atención al público, la experiencia que tiene tu cliente. Es un rubro muy particular y esto ataca el alcance de los libros y de lo que se va a leer también. Si son unos pocos los que van a tener la posibilidad de fijar precios, por decirlo así, también van a tener la posibilidad de elegir lo que leemos».
Pablo Kaplun (El Emporio): “En primer lugar, esta Ley cuenta con el consenso en toda la cadena del libro, con escasas excepciones. Pero la cadena de los editores y todas las cámaras están en contra de la derogación. Por lo tanto sí todos estamos a favor de que la ley siga existiendo ¿Por qué este capricho? Funciona muy bien, no hay razón para que sea derogada”.