El periodista y escritor cordobés comparte fragmentos de su nuevo libro «Si te gusta la sombra». Se trata de una colección de poemas y textos nacidos en la cotidianeidad de las redes que luego fueron reunidas en esta bellísima edición.
Poema 1
Miren como cae la noche sobre la tarde mansa,
y la ropa tendida,
y las hormigas confundidas en medio del invierno.
Miren como esperan su turno las estrellas
tras las sierras,
y los primeros incendios que anticipa el agosto
de los vientos.
Miren como lloran los amigos y se drogan,
y se mueren, ríen, se divorcian, besan a sus hijos,
viajan, cocinan, escriben en el grupo de wasap,
con stickers de coleccionar.
Miren como les nacen luces a los edificios
y sombras a las esquinas de los barrios donde no llega el agua ni el gas,
ni el futuro ese que prometen y prometen,
desde el inicio de la humanidad.
Miren como se agitan las guardias de los hospitales,
y cierran las ferreterías,
y quedan huérfanos los canastos de las panaderías
ya sin pan.
Miren como brillan las pantallas donde,
aunque rodeados de afectos,
esnifamos nuestra soledad.
Cierren los ojos y miren:
qué hora es ésta, dónde están.
Poema 2
Y un monte durmiendo en el árbol.
El futuro descansa acurrucado entre cotiledones y tegumento.
Es tarea de los hombres y de las mujeres de la tierra
dejar que se desenvuelva, desenvolverlo.
Volverlo en sí.
Ser al mismo tiempo jardinero y tallo,
suelo y raigambre.
La semilla es árbol,
como el futuro es brote del presente, fruto, simiente, volver a nacer.
Como la flor que no solo anuncia la primavera, la constituye.
Nace el presente en el futuro: tronco y hoja. Raíz.
Hay una eternidad desplegándose bajo esta llovizna displicente,
frente a nuestras premuras.
Y ahí radica la esperanza.
Poema 3
Contra el almanaque
y su otoño de deshojanza y palo;
y la noche anticipada,
y las perezas acumuladas tras el fastidio,
y la sinrazón de tantas cosas.
Yo lo llevo contento.
Mi desnudez vieja,
el surco sobre surco enmarcando la mirada,
el anquilosamiento de las ideas,
la maldición de la nostalgia,
las articulaciones punzantes de la humedad.
Yo lo llevo contento.
Las portadas de los diarios, y los boletines oficiales,
las voces cíclicas que redondean las noticias,
las sonrisas de pixel y cartón,
el llanto silente del frío bajo las colchas regaladas.
A pesar de, lo llevo contento.
Yo.
Que no soy ajeno, ni enajenado,
que entiendo lo que quedó fuera,
que lluevo en llanto la exclusión;
yo, que miro mis espejos profundamente
y veo.
Yo lo llevo contento.
Porque tintinean las voces amadas derredor mío.
Porque bendicen mis ojos los cielos nubosos y las montañas espinadas llenas de pájaros.
Porque para la sed me fue dada el agua y el grano para el hambre que apenas conozco.
Porque me arropan los abrazos y me humedecen los besos que me fueron regalados.
Porque entra el aire y sale a través de mi cuerpo, cosquillas internas del puro universo.
Porque he andado los caminos suficientes y visto los paisajes y hablado con la gente en las
rondas.
Porque eso, si acaso algo, eso apenas lo que soy.
Yo lo llevo contento, ese mi pregón.
Según el autor…
«Como mis otros libros, este también es una colección, una selección personal, de textitos publicados en redes sociales, creados para conversar ahí. Nacieron de lo más cotidiano, pequeñas esquelas para contar lo que me pasa en un día a día, hechos del trabajo, la casa, la familia, y los avatares de vivir en este momento histórico y en este lugar. Y también para ser leídos en medio de ese torbellino. De a pie.
Pero, me gustó la idea de que habiten también otros tiempos de lecturas, otras formas, diferentes a las que ofrecen las redes. Esa es la propuesta: ver qué de todo eso que nos pasa en la correntada de los días puede ser también leído en el remanso», afirma Luciano Debanne.

