#LecturasDeVerano: Fabricio Esperanza

Para cerrar el mes compartimos un fragmento de «El misterio de las postas», un libro del periodista y escritor cordobés destinado al público infantil y editado por Bujía, sello local enfocado en textos de perfil educativo. Una oportunidad de recorrer el Camino Real de la mano de dos hermanitos muy curiosos. 

CAPÍTULO 1. ¡VACACIONES!

Esa mañana, el auto corría, veloz, por la ruta. Lucas sentía que la alegría le inundaba el cuerpo. ¡No era para menos! Es que, junto a su familia, comenzaba las esperadas vacaciones de verano. 

Con esfuerzo, trataba de sostener la vista en el celu que le había pedido a su mamá para buscar, en Google, información sobre el lugar al que iban. A veces, cuando la ruta tenía muchas curvas, si leía o miraba la pantalla, se mareaba y su papá tenía que detener el auto hasta que se le pasara el malestar. Pero, hasta el momento, no se habían encontrado con demasiados giros; tampoco con subidas o bajadas. El camino era, prácticamente, recto y el paisaje a sus costados, en esa hora y media que llevaban arriba del auto, mostraba cultivos y pastizales con vacas.

-¿Por qué este año no fuimos a la playa? La que hizo la pregunta, con un tono entre aburrido y desganado, fue Ema, la hermana mayor de Lucas. Los últimos dos veranos toda la familia había descansado en la playa y la habían pasado genial. Por esa razón, cuando su papá anunció, antes de Navidad, que el destino elegido era Villa del Totoral, en el norte de Córdoba, Lucas y Ema se miraron: dudaban si allí podían divertirse tanto como lo habían hecho entre la arena y las olas del mar. La que aclaró el asunto fue Elena, la mamá de Lucas: 

-Ya te lo explicamos varias veces, hija. Papá trabajó mucho este año y, como recompensa, sus jefes le ofrecieron pasar unos días en un hermoso lugar de campo. Es muy lindo. Ya van a ver. Vamos a estar rodeados de la naturaleza.

-Pero si está en el medio del campo, no entiendo cómo nos vamos a entretener-replicó Ema quien, cuando algo no le gustaba, daba vueltas y vueltas sobre el asunto.

-Fácil: hay un río hermoso, que pasa cerquita, al que podemos ir todos los días. Además, el lugar tiene pile, sala de juegos y mucho espacio para que Lucas juegue al fútbol-volvió a intervenir Elena. 

La mamá hizo una pausa y se dio vuelta desde el asiento del acompañante para mirar fijamente, primero, a Lucas y, luego, a Ema. Con una sonrisa, mientras les guiñaba el ojo, les dijo:

-También hay muchas otras cosas que podemos organizar, cabalgatas, por ejemplo… 

Lucas y Ema se quedaron callados y le devolvieron la sonrisa a su mamá. La verdad, los entusiasmaba la idea de cabalgar. Una sola vez habían montado a una yegua mansita y la sensación de ir al trote por el campo les había gustado mucho. Además, si había pile, y también wifi, podían negociar con su papá para usar un rato el celu y jugar en línea con sus amigos y compas del cole. Los hermanos quedaron satisfechos con la explicación y se dispusieron a disfrutar del viaje. 

Córdoba, Juárez Celman, Estación General Paz, Colonia Caroya, Jesús María, Sinsacate… 

Cada vez que salía a la ruta con su familia, Lucas se entretenía leyendo los carteles y tratando de recordar las ciudades y pueblos que iban atravesando en el camino. Cuando le preguntó a su papá, Pedro, cuánto faltaba para llegar, le respondió: “en un ratito”. Entonces notó una gran diferencia con las vacaciones anteriores: la duración del viaje. Hacía menos de dos horas que habían salido de casa y ya estaban cerquita. ¡Para ir a la playa demoraban mucho más! 

Lucas repasó las veces que salieron en el auto con su familia porque no recordaba haber viajado por esa ruta alguna vez. Se lo hizo saber a su papá.

-Sí, Luquitas, pasamos por acá un montón de veces–le respondió Pedro-. A lo mejor no te acordás porque siempre que salimos te dormís.

-Es cierto, cada vez que nos vamos temprano te desmayás como un tronco, nene-dijo Ema, riéndose y contagiando las carcajadas a todos. Lucas se hizo el enojado, pero la verdad es que le gustaba ser el blanco de las bromas para hacer reír a su familia.

-Esta es la Ruta 9, un camino muy largo que pasa por medio país-siguió Pedro, después de las risas.

-¿Tan largo?-preguntó Lucas. 

-Mirá si será largo que sale desde la ciudad de Buenos Aires y llega hasta la provincia de Jujuy, al límite con Bolivia-explicó Pedro- y este pedacito que estamos recorriendo nosotros son nada más que cien kilómetros de los casi dos mil que tiene.

-¡Dos mil kilómetros! ¿En cuánto tiempo se recorre esa distancia?- exclamó Lucas.

-¡Uffff! ¡En un solo día, imposible! Pero la Ruta 9 tiene otra cosa muy interesante-dijo Pedro, mirando a su hijo por el espejito retrovisor con esa voz enigmática que ponía cada vez que quería llamar la atención. Lucas se acercó un poco más al asiento del conductor para escuchar mejor lo que iba a decirle su papá.

-Esta ruta se hizo siguiendo los mismos pasos y lugares que, hace muchos, muchos años, recorría el antiguo Camino Real-susurró Pedro, como contando un secreto. Lucas estaba a punto de preguntarle qué era el Camino Real, cuando una cola de vehículos detenidos más adelante hizo que su papá frenara la marcha y colocara balizas. Quedaron justo detrás de un enorme camión con acoplado. Lucas abrió la ventanilla y se asomó para ver qué sucedía: alcanzó a observar, a unos cien metros de distancia, a un grupo de personas, con uniforme de color verde, pidiendo documentación a los conductores.

-Es un puesto de Gendarmería- explicó Pedro. 

-¿Qué es la Gendarmería?-preguntó Ema a su papá, mientras bostezaba ruidosamente y se desperezaba empujando a Lucas para hacerlo enojar.

-Son militares que se ocupan de cuidar las fronteras de Argentina con los países vecinos. También pueden controlar en las rutas a los autos y a los camiones que circulan. Ante la demora, y con una ansiedad que crecía, Lucas volvió al celular de su mamá, que tenía en la mano, para buscar en Google: “Villa del Totoral – Córdoba – aventuras”. Quería averiguar qué cosas interesantes podía tener el norte cordobés, sobre todo, ese pueblo que quedaba cerca de la posada donde iban a pasar los próximos diez días de vacaciones.

Según el autor… 

«El libro fue escrito en función de un pedido puntual de la editorial que necesitaba elaborar un texto para cuarto y quinto grado que tuviera como eje un lugar de Córdoba. A partir de ahí, y junto al dueño del editorial Germán Fecia, decidimos hacemos  sobre el Camino Real porque englobaba varias cosas: historia, tradición, arraigo y también un dejo de misterio en función de que se trata de  un camino… La idea era hacer como una especie de road movie, por decirlo de alguna manera, donde un par de hermanitos pasaran aventuras, pero cumpliendo dos o tres características que son las que pide el Ministerio de Educación para este tipo de textos. Entre estas que sea riguroso con la Historia. Es decir que en la trama hay elementos ficcionales con datos históricos que son precisos, emntre estos los nombres de las postas, las ubicaciones, los años, la descripción de cada una de las postas…  Entonces, la idea era brindar a los establecimientos educativos que venían pidiendo este tipo de material un texto para que despierte la curiosidad en los chicos sobre esa zona de la Provincia, pero con una trama interesante».

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