Daniela Kaplan, Estefania Herranz (Miss Cavallier) y Karen Zárate son autoras que, tal vez sin buscarlo, tienen obras que enmarcan en esa línea narrativa iniciada en Asia. ¿Puede un libro invitarnos a reconectar con las cosas lindas de la vida y sanar?
Por Carmela Laucirica / Okupa Literaria
La literatura puede ayudarnos a sanar y a contribuir en la sensación de bienestar. Al mismo tiempo, su capacidad de hacernos sentir en compañía aunque leamos en soledad es aún más notoria. Pero nada de eso es exclusivo del “healing fiction”. Entonces, ¿de qué se trata este género literario?
Si lo tradujéramos de manera literal, diríamos que refiere a la “ficción curativa”, pero corremos el riesgo de que se confunda con cuestiones de medicina, hechicería o incluso autoayuda.
Y en realidad lo que busca el “healing fiction” es mostrar mediante personajes ficticios (y a veces no tanto) que los desafíos cotidianos de la vida pueden transitarse de distintas maneras. El género invita a atravesar estas situaciones (como la pérdida de un familiar, de un trabajo o una pareja) desde un lugar reflexivo y sereno.
La diferencia más notoria con lo que llamamos “autoayuda” es que el “healing fiction” no da consejos ni recomendaciones: más bien relata una historia ficticia y a través de ella promueve bienestar en quien la lee.
Es como si los libros escritos en el marco de este género nos dijeran: “si yo pude con esto, vos también vas a poder”. Y no desde un lugar que cuestiona nuestras capacidades, sino como una invitación a motivarnos.
Este género surgido en Asia, en especial en Corea y Japón, ganó territorio en nuestro país de la mano de títulos como «Te receto un gato» de Syou Ishida, «Mis tardes en el pequeño café de Tokio» de Michiko Aoyama, o la saga de novelas de Toshikazu Kawaguchi (Antes de que se enfríe el café, La felicidad cabe en una taza de café, El primer café del día y Hasta el próximo café). Y es su creciente popularidad en Argentina lo que nos convoca en esta nota: ¿hay autoras que incursionan en “healing fiction” pero en modo argento?
Al parecer sí, aunque con estilos y búsquedas diferentes. En Babilonia conversamos con tres referentes (aclaración: aunque una de ellas sea oriunda de España, todo lo que lleva vivido en Córdoba, Argentina, nos impulsó a incluirla en esta lista).
De esta manera iniciamos esta charla con Daniela Kaplan, Estefanía Herranz (Miss Cavallier) y Karen Zárate. Ellas, todas autoras publicadas, son las creadoras de obras que por sus tramas y desenlaces pueden caber en el “molde” del healing fiction.
Si a esta altura ya están pensando en leer a estas autoras, vale mencionar sus títulos para que puedan conseguirlos fácilmente. Karen acaba de lanzar su nueva novela “La chica que quería volar”, Daniela escribió “Mandarinas al sol”, y Estefi sacó hace unos meses “Nubes de arcilla”.

La escritura y su efecto sanador
Cuando dije que creía que la literatura puede sanar(nos) en muchos sentidos lo pensé desde mi lugar como lectora y escritora amateur. Pero después de hablar con las autoras que ya mencioné lo volví a confirmar, y confieso que hasta resignifiqué mi idea de “sanación literaria”.
Porque al preguntarle a Karen Zárate sobre el momento en el que la escritura fue sanadora para ella o para sus lectores, dijo: “la escritura nació en mí como una herramienta de sanación. Descubrí que todo aquello que no podía decir en voz alta, todo lo que me resultaba imposible manifestar, encontraba en la escritura una forma de canalizarse”.
Sobre sanar a otros, Karen piensa con optimismo: “hubo un momento en el que entendí que podía crear otros mundos. Y si lograba transformar mi propio dolor en algo más, tal vez mis historias también podían acompañar y sostener a quienes me leyeran”.
En el caso de Estefi, la revelación surgió mientras ejercía el acto de escribir, casi al final de su novela “Nubes de arcilla”. Paradójicamente, afirma que “no buscaba sanar nada en concreto, pero al poner en palabras ciertas emociones —la pérdida, el deseo de volver a empezar, el vínculo con lo que nos sostiene cuando todo se desmorona— sentí que algo se iba acomodando por dentro”.
La autora pero también influencer -conocida como Miss Cavallier– expresa: “escribir era una forma de entenderme, pero también de soltar. Cosas que a veces ni sabías que daban miedo, y sin querer quedan plasmadas en palabras”. Y cuando se puso a pensar en quienes la leen, comprendió que “lo que me ordenaba a mí podía resonar en otros; que esa intimidad compartida entre quien escribe y quien lee puede ser un espacio donde ambos se reconocen y se alivian un poco. Verse reflejado en el dolor y también en la superación de otro es sanador”.
“Pienso que expresar lo que sentimos, lo que nos atraviesa y repercute en nuestro estar sana. La escritura, entonces, se puede convertir en una herramienta para tal fin. Hay muchas otras claramente”, suma Daniela a esta pregunta tan personal.
Después de escuchar a estas tres autoras, la frase del comienzo cobra más fuerza: leer puede sanarnos, y escribir también.

La empatía como motor literario
Bien sabemos que “healing fiction” tiene la palabra “sanar” en su composición. Pero, ¿qué otros adjetivos y propósitos podemos adjudicarle a este género?
Estefi lo resumió en “acompañar”, Daniela dijo que le resuena la palabra “descubrimiento”, y Karen pensó en “abrazar”. Si combinásemos esas tres palabras podríamos decir que este género es sin dudas un lugar seguro para quienes lo leen.
“Lo describiría como algo más que una narración. Es una novela que busca tender un puente hacia quienes alguna vez se sintieron vulnerables, porque creo profundamente que la literatura, además de contar historias, también puede abrazar”. Karen Zárate.
Por su parte, Daniela lo interpreta “como camino de descubrimiento interior y como medio para llegar a profundidades que invitan a evolucionar.”
¿Alguna vez sentimos la compañía de alguien sin que esté físicamente a nuestro lado? Una sensación similar es la que Estefi le asocia al género “healing fiction”. “Que se sienta al lado del lector, sin imponer respuestas, y le ofrezca un espejo donde puede verse con ternura. Es una narrativa que abraza la herida sin juzgarla, que no busca borrarla sino observar qué crece a su alrededor. Escribir así es construir refugios: lugares donde el dolor tiene forma, y por eso deja de ser tan abrumador”, expone Estefi Herranz.

Historias y personajes que interpelan
En muchas situaciones al terminar un libro es inevitable encariñarse con un personaje, un lugar e incluso una situación. Y a veces este sentimiento nos deja pensando: “¿cómo es posible sentir todo esto por una ficción?”. Y sí, es completamente posible. De hecho una de las principales búsquedas del “healing fiction” es interpelar mediante personajes, vínculos o escenarios más o menos cotidianos.
A la vez, en ese “interpelar” surge en lo que Karen describe como algo “reparador” y Estefi percibe como un “aporte especial”. Porque ambas están convencidas que un personaje o una situación de sus libros les resultó emocionalmente sanador. En el caso de Karen, no duda que Ángela (el personaje principal de su nueva novela) es el ejemplo de lo que llama “reparador”. Incluso, la autora sostiene: “Siempre sostengo que todos mis personajes, sin importar la novela, tienen algo de mí”.
Y si le pregunto a Estefi, ella tiene una variedad de opciones en su mente: Las escenas en el taller de cerámica, el personaje de Mia o el de Paula. “El contacto con la arcilla, el gesto de modelar algo con las manos, me conectaba con una idea muy física del presente, de lo que se puede transformar. En mi vida es mi lugar de refugio, donde me siento yo misma y puedo crear y a la vez abrirme. Y personajes como Mia o Paula me sirvieron para explorar partes de mí que estaban en silencio: una desde la vulnerabilidad, la otra desde la contención. En cada diálogo entre ellas había algo que yo también necesitaba escuchar”, reflexiona la influencer.
“Mi escritura es bastante autobiográfica y con personajes reales. Tal vez los que más me han inspirado e invitado a escribir tienen que ver con historias de trascendencia, de transformación y de resiliencia. Siempre con el foco en el amor, la fuerza más poderosa”, dice Dani Kaplan, autora de “Con pickles y miel” y “Mandarinas al sol”.

Dolor, calma y bienestar
El “healing fiction” se caracteriza por darle voz y un rol protagónico a la salud mental y su cuidado. Entonces, ¿será que este género tiene ciertos tintes terapéuticos?
En el caso de “Nubes de arcilla”, “Mandarinas al sol” y “La chica que quería volar”, ¿estamos ante un dolor que busca transformarse o frente a la calma que quiere compartirse? La respuesta es: depende de cada autora.
“Mi escritura nace del dolor que busca transformarse”, asegura Karen. Cuando profundiza más en la pregunta, llega a la conclusión de que escribir para ella “es una forma de darle sentido a lo vivido y, al mismo tiempo, de ofrecer un sostén a quienes puedan sentirse reflejados”.
Por su parte, Estefi encuentra una mixtura entre dolor y calma. Ella cree que “el dolor suele ser el impulso, lo que enciende la necesidad de escribir. Pero la calma llega mientras lo hago. Es como si la escritura fuera el puente entre una y otra: empieza en la inquietud y termina en un espacio más diáfano”.
En el caso de Dani, ella asegura: “sin lugar a dudas de la calma que quiero compartir. Uno de mis principales mensajes al lector tiene que ver con aprender a convivir con todos los sabores que la vida presenta. Siempre hay miel y siempre hay pickles”.
Títulos recomendados del género
Además de los tres títulos que Dani, Estefi y Karen han escrito, quiero dejarles un top 10 de títulos que vienen directo de Asia, pero que son muy leídos en nuestro país.
1)“Antes de que se enfríe el café” de Toshikazu Kawaguchi (toda la saga es muy recomendable).
2) “Te receto un gato” de You Ishida.
3) “Mis tarde en el pequeño café de Tokyo” de Michiko Aoyama.
4) “La tienda de los deseos” de Hiyoko Kurisu.
5) “La biblioteca de los nuevos comienzos” de Michiko Aoyama.
6) “La farmacia del amor de la familia Botero” de Lee Sun-Young.
7) “La cocina de los libros de soyangri” de Kim Jee-Hye.
8) “El café de la luna llena” de Mai Ochizuki.
9) “El gato que amaba los libros” de Sosuke Natsukawa.
10) “La biblioteca de la medianoche” de Matt Haig.
