El escritor e historiador cordobés presenta su libro “Yo, Rivadavia” que ahonda sobre la figura de quien fuera el primer presidente argentino.
La presentación se realizará el viernes 30 de octubre, a las 21, en el marco de la Feria del Libro de Córdoba.
Esteban “Tito” Dómina ha rescatado en sus obras a diferentes personajes y hechos de nuestro pasado histórico. En esta oportunidad le toca el turno a Bernardino Rivadavia. Su nombre está presente no solo en el emblemático “sillón” que da cuenta de su rol como el primer presidente del país sino también en calles, colegios, radios y hasta en marcas de cuadernos.
Pero, ¿quién era Rivadavia? Como no dejó memorias escritas, Dómina aprovecha ese vacío y lo transforma en un atrapante recurso narrativo para construir un texto personal y profundo en el que se mixturan hechos políticos y personales.
Un retrato que no queda exento de las controversias ni de la grieta que, al parecer, es inherente el ADN argentino.
Previo a la presentación, programada para el viernes 30 de octubre en el marco de la Feria del Libro de Córdoba, Tito Dómina habla con Babilonia y nos sumerge en el universo de Rivadavia y su época.
–¿Qué te impulsó a escribir sobre la figura de Bernardino Rivadavia?
-Durante mucho tiempo tuve, de Bernardino Rivadavia, la imagen del prohombre difundida por la bibliografía tradicional que teníamos la mayoría. De hecho, su nombre aparecía en la nomenclatura urbana de todo el país, incluso en radios, cuadernos y en el famoso sillón presidencial. Así fue hasta que indagué más acerca de su trayectoria pública y comprobé por qué divide la biblioteca siendo uno más de nuestros próceres que no reúne opinión unánime, sino que más bien suscita miradas opuestas.
Por otra parte, en los aspectos privados de su vida, resulta tentador dilucidar por qué abandonó la actuación pública y eligió un autoexilio que duró 25 años hasta su muerte.
-El título y la propuesta narrativa del libro recuerda a “Yo, el supremo” de Roa Bastos. ¿Qué le imprimió al texto trabajar sobre esa narrativa en primera persona, una especie de gran monólogo interior?
-Gran libro el de Roa Bastos. Otro libro inspirador fue “Soy Roca”, de Félix Luna y, por cierto, “Memorias de Adriano” de Marguerite Yourcenar.
El estilo narrativo en primera persona le confiere al texto la posibilidad de asociarlo con una memoria, que en el caso de Rivadavia no la hay. El tono coloquial, menos académico, facilita la lectura. Al ponerle voz al protagonista, se descontractura el relato que puede de ese modo mezclar los hechos rememorados con sensaciones subjetivas. Un libro distinto, en mi caso.
-¿Qué fue lo que más te llamó la atención de Rivadavia o qué descubriste como revelador a la hora de investigar sobre este personaje de nuestra Historia?
-Muchas cosas. Repasar su vida pública y sobre todo privada fue como destapar una caja de Pandora. Salieron a la luz cuestiones y episodios que invitan a sumergirse en el clima de época para entender mejor cómo fueron las cosas en esos tiempos. Y, a la vez, explorar el lado B de los próceres, que todos lo tuvieron y que el relato tradicional se empeñó en ocultar o disimular.
-Aludiendo a ese «poema conjetural» de Borges sobre Laprida, aquí también aparece lo «conjetural»… ¿Cómo funciona ese dispositivo en este libro?
-Lo de conjetural alude a que el libro tiene la pretensión de ser las memorias que Rivadavia no escribió, aunque suene un tanto ambicioso. Cabe aclarar que si bien es conjetural, todo los nombres, lugares, fechas y demás datos históricos citados son fidedignos, sin excepción.
-¿Qué viene a decir un libro sobre Rivadavia en esta Argentina actual?
-Que la grieta, esa afición inveterada de los argentinos por las divisiones y los desencuentros, nos viene desde lejos y estuvo siempre presente. La trayectoria de Rivadavia surfea una etapa de la historia argentina en que la grieta aludida era profunda; ardía el conflicto entre unitarios y federales que se resolvió de la peor manera: con violencia, sin diálogo ni búsqueda de acuerdos.
-Tenés varias biografías y/o perfiles históricos publicados. ¿Cuál es el desafío de hacer divulgación histórica pero de la mano de la literatura?
-Diría que es brindar al lector una herramienta menos solemne para conocer el pasado, no como mera veleidad intelectual sino para ayudar a comprender mejor el presente y auscultar el futuro. En otras palabras, un texto literario suele ser más amigable para quienes lo prefieren a la narrativa dura, sobre todo para aquellos que no son fans de la Historia.
Para agendar
El próximo 30 de octubre a las 21H., el autor cordobés Esteban “Tito” Dómina presentará en la Carpa Central de la Supermanzana (ubicada en Plaza Intendencia) y en el marco de la Feria del Libro Córdoba, su libro “Yo, Rivadavia. Una memoria conjetural”.
En esta ocasión lo acompañarán los periodistas Rodolfo Pedrotti (Radio Mitre) + la dupla de Federico Sylvester y Nacho Alcántara del programa La Calesita de la historia. Entrada libre y gratuita.