Los cordobeses Ale de la O y Naty Martínez —ambos actores y escritores— son los artífices de esta propuesta literaria pensada para las infancias. Juntos crearon un libro que abre la puerta para hablar de algo tan complejo y al mismo tiempo humano como la tristeza.

Por Carmela Laucirica / #OkupaLiteraria
¿Dónde termina una lágrima? Si lo pienso rápida y pragmáticamente, diría que en un pañuelo, en el hombro de quien nos consuela o incluso que no termina (y lo digo por todas esas veces que creíamos atravesar un llanto sin final). Pero Ale de la O y Naty Martínez tienen otra respuesta a esta pregunta y, además, tiene forma de poema ilustrado.
Su libro pasó por la Feria del Libro de Córdoba 2025 y también por un ir y venir de preguntas babilónicas, cuyas respuestas se develarán en esta nota que comienza con una presentación que hicieron de cada uno, ellos mismos.
“Soy Alejandro: alguien que camina al ritmo de las infancias, que me asombro de lo que voy aprendiendo de niños y niñas”, dice el autor del poema y agrega: “trato de encender luces dándole espacio al arte, al teatro, la literatura, llenarla de imaginación, de juego, poder sembrar belleza entre tanta violencia y locura en un mundo muchas veces cruel”.
Por su parte, Naty, encargada de la ilustración, cuenta que “le gustan los diminutivos que cuidan la ternura”, mientras recuerda algo sobre su infancia: “Cuando era chiquita, mi imaginación era un bosque inmenso”, dice Martínez, también actriz, y es por eso que hoy “trata de no olvidarse en el camino”.
Y si le pregunto por su profesión, no atina a resumirlo en “ilustradora”, “escritora” o algo por el estilo. En cambio, Naty eligió decir: “Ejerzo la risa, milito la amistad, cuido la infancia como un estado sagrado. Escribo las ideas para que no se vuelen, dibujo porque es el lenguaje más universal. Me gusta mirar al cielo y detenerme en lo que va naciendo en la tierra”.

¿Qué nombre le dan las infancias a la tristeza?
Más que nombre, Ale y Naty me hablan de reconocer la tristeza durante la infancia. “Saber que hay lugar para ella, transitarla, aceptarla también va a hacer que sea más liviana esa carga, no quedarse en ella”, piensa el actor de teatro infantil, parte del elenco de Egos, desde hace dos décadas. Y mientras reflexiona, también asegura que “los niños no están alejados de vivir situaciones que los enfrenten a esos sentimientos”. Es por eso que asegura que “si tienen las herramientas en su entorno familiar, en la escuela, ese sentir diario va a poder ubicarse, darle un espacio, abrazar ese sentir para que no sea una lucha”.
Por su parte, Naty nos pide a las y los adultos que les contemos a las infancias “que existe la tristeza como existe la alegría o el miedo”, porque según ella “eso es decirles también: ‘No estás solo o sola, cuando eso suceda’”.
Y acá es cuando la ganadora del premio “Construyendo Ciudadanía” (2014/2015)» remarca algo clave: “Muchas emociones necesitan espacio y tiempo. La tristeza es -sin duda- una de ellas”. Resulta imposible no estar de acuerdo, más en un mundo en el que se apuran las emociones para pasar a la siguiente, usualmente de una “más triste” a una “más feliz”.
¿Acaso no hay TIEMPO para estar tristes?
“Ojala todo fuera felicidad y las infancias estuvieran en un mundo rosa, pero no es así, los niños viven sus propias tristezas, frustraciones, son observadores y no pasan desapercibido las angustias o situaciones que se viven en su casa, en el mundo adulto o en sus propias historias y eso también es parte de su crecimiento”, dijo Ale y dio el puntapié para hablar de tristeza con una dosis de realidad.
Y es que resulta natural pensar en la infancia relacionada con la felicidad, ¿no es lo que todos querríamos para esa etapa de la vida? Pero también debemos recordar que otros sentimientos como la tristeza o la frustración no solo son inevitables, sino que vienen cargados de aprendizajes. “Esos sentimientos son parte de nuestra vida y saber distinguirlos, atravesarlos también es un aprendizaje que los va a hacer crecer en su desarrollo emocional”, señala el autor de “¿Dónde termina una lágrima?”.
¿Alguna vez te dijeron frases como “no estés triste”, “ya se te va a pasar” o “no está bien llorar”? Este no es el lugar para criticar esos dichos, mucho más sabiendo que seguramente la intención era buena. Pero sí es importante analizarlos de cara al futuro.
Al respecto, Naty dice que “estamos en épocas en donde prima la pantalla y el filtro como componente cultural y social. Más que nunca, todo debe ‘parecer’ lindo, prolijo y feliz. Y eso me hace pensar que cada vez hay menos espacios donde estar triste. Tanto para las infancias como para nosotros, lxs adultxs”.
Y en este sentido es que la autora de más de 20 títulos infantiles nos recuerda algo fundamental: “somos seres vulnerables, las cosas de la vida nos afectan. Y los niñxs no son la excepción”. Y de esa frase surge un interrogante aún más profundo: “Nosotros, como adultos: ¿sabemos qué hacer con la tristeza? Pareciera que no queremos ver niños tristes, pero tampoco ver niñxs gritando muy fuerte, ni corriendo rápido, ni riéndose a carcajadas, ni miedosos, ni petrificados frente a una pantalla. Y entonces me pregunto, más allá de la tristeza: ¿Habrá espacio para ser niñxs, en estos tiempos?”, reflexiona la ilustradora del poema y autora de títulos como «El Rey Caprichudo».

Hablemos de tristeza, pero mediante la poesía
Hablar sobre temas que nos incomodan, nos asustan o nos interpelan no siempre es tarea fácil. Por eso en este caso, cuando se trata de infancias y tristeza, la poesía sirve como bálsamo para abrir la conversación, sin ignorar lo que nos pasa, pero desde un lugar más amable y más humano.
La poesía como conexión tiene mucho para hacer, señala Ale de la O, experto en el tema gracias a su labor docente. “La poesía siempre conecta con lo emocional, con esa pregunta que muchas veces no tiene respuesta. Conecta con los recuerdos, con la metáfora, con eso que no se puede muchas veces nombrar, pero que dice mucho”.
Además de conectar, la poesía genera cambios. Según el ganador del premio “Pregonero Teatro, títeres y música”, “la poesía siempre va a modificar, siempre va a hablar por nosotros. Como se dice: ‘la poesía se termina de completar en el corazón de quien la lee’. Le pone palabra a eso que se siente, busca nombrar aquello inefable, nos lleva a explorar en lo más íntimo”.
Entonces, ¿cómo no servirse de la poesía para hablar de la tristeza? “La poesía de Ale (De la O) abre la posibilidad de hacer el camino de una lágrima. Como quien acompaña una lágrima y logra ser parte de ese recorrido. Entrama todas las tristezas, las arrastra, las deja atrás” explica Naty y se anima a decir que incluso, la poesía es una invitación.
¿A qué nos invita la poesía? Naty Martínez dice que “quizás la poesía nos invite a ver que en la tristeza hay movimiento, a veces no tan hacia afuera, sino más como un movimiento interno”. Por suerte, no dejó de hablarnos de sus ilustraciones, que son su “lenguaje en este libro”. Al ilustrar, afirma que trató de “conectar con las tristezas que me habitan en lo más profundo o aquellas que he sentido”.
Y antes de pasar a otros momentos de nuestra charla, Naty nuevamente menciona la poesía como conexión: “la poesía tiene la capacidad de conectar e invocar nuestra sensibilidad. El terreno fértil de nuestros dolores, de nuestras angustias, de ‘lo triste’”.

¿Las lágrimas tienen poderes?
No sé si podría imaginarme a las lágrimas como meras gotas de agua. Mucho menos después de charlar con Ale y Naty. A partir de mi intercambio con ambos, diré que las lágrimas no tienen poderes: tienen superpoderes.
Y con la ayuda de los creadores de “¿Dónde termina una lágrima?” voy a enumerar unos cuantos: el poder de mover, de fluir, de recorrer y de limpiar. También de aflorar, de hablar sin decir palabras y también de demostrar.
“No solo tenemos lágrimas de tristeza, tenemos lágrimas de emoción, alegría, de risa”, recuerda Ale para que no nos desanimemos. Y si miramos un poco hacia adentro, con la ayuda de Naty, podremos resignificar todavía más estas lágrimas superpoderosas. Porque esta ilustradora, escritora y hacedora de libros considera que “las lágrimas están hechas del agua que antes ha reposado en nuestro interior. Y el agua nos recuerda de dónde venimos”
Y al final, nuestra entrevistada encuentra un nuevo superpoder para estas lágrimas, el de “hacer nacer, como lo hace la lluvia, o tal vez de limpiar las penas, como lo hace el río, o como dice el Ale… ‘encontrar la calma’”.
Es necesario poner a las emociones en palabras
En tiempos de inmediatez y de pensar mucho en el próximo paso, las emociones nos piden un poco más de “aquí y ahora”, una dosis de presente entre tanta vorágine. Como docentes, Naty y Ale profesan el diálogo en todos los sentidos, para poner en palabras lo que nuestras infancias están sintiendo.
“Como hacedor de infancias y, sobre todo, docente, veo mucho esos sentires y cuesta ponerlo en palabras, darle voz a eso que sucede. Por eso es tan importante el rol que la ESI vino a cumplir en la escuela”, manifiesta Ale. Por su parte, Naty le abre la puerta a los lenguajes no verbales, porque considera que muchas veces el lenguaje verbal (el dibujo, la escritura, el arte) “no nos alcanza, no es suficiente”.
A Naty se lo dijo una maestra amiga, y ella no lo dice a nosotros: “Lo que no expresa se impresa”.
¿Necesitamos gestionar nuestras emociones?
Mucho se habla de la gestión de las emociones y las terapias para lograrlo, pero a este “gestionar” Naty lo pone un poco en duda: “como si pudiéramos tener tan claro el ‘control’ de lo que sentimos”, asegura la autora de libros como “Miedo a Miedo. Una cadena de mieditos”.
Entonces ella nos cambia “gestión” por “sentir” y “expresar”. Pero advierte un desafío en este cambio: “Necesitamos más escucha para con lxs niñxs, pero claro, eso requiere otro tiempo. Y la prisa que llevamos no es muy amiga de la atención ni de la contención. Si creemos que la infancia habita el tiempo del “aquí y ahora”, entonces habrá que estar más presentes”. Quizás sin saberlo, Naty nos invita a vivir más el presente junto a nuestras infancias.
Y aunque Naty no considere que el arte cura la tristeza, cree algo igual de esperanzador: “creo que un libro no ayuda, por sí mismo, a lxs niñxs a no estar tristes, sino que a veces habilita un espacio de diálogo, de conexión, de preguntas, incluso de recuerdos y si ese momento se comparte, seguramente, habilita la empatía”, reflexiona la docente.
Entonces me pregunto y les pregunto: ¿Dónde termina una lágrima para ustedes?