Una novela, un libro de cuentos. Una mirada sobre el pasado histórico, un recorrido por historias atravesadas en la contemporaneidad. ¿Qué tienen en común? Un recorrido por el ser mujer: las violencias, las valentías, las mil formas de morir, el olvido.
Esta semana compartimos la reseña de “Negra muerta” de María Luisa Lerma, y “La mujer y sus siete enanos farsantes” de Luisa María Ahumada.
Por Fernanda Pérez
Hay libros que llegan a uno de manera inesperada, sin buscarlos.
El de María Laura Lerma fue tras una charla inolvidable en la Feria del Libro de Jujuy, ya en aquel momento demostró ser dueña de una narrativa personal y profunda con la mujer en el centro de la escena. En el caso de Luisa María Ahumada fue el corolario de una serie de encuentros casuales. No había leído nada de ella y consideré que los cuentos serían tal vez una forma audaz de asomarme a su escritura.
Así, entre las lecturas seleccionadas para mis vacaciones estuvieron “Negra muerta” de María Laura Lerma, y “La mujer y sus siete enanos farsantes” de Luisa María Ahumada. Aquí, algunas de las razones por las que vale la pena recorrer estos textos.
Una historia olvidada de resistencia y resiliencia
María Laura Lerma inicia su relato con un rito ancestral en la Quebrada Jujeña: el descarne. Una fogata acompaña a los difuntos caídos en batalla. El fuego consume los dolores salvajes de la batalla libertadora. Un cuerpo, el de la negra Severa (tan robusta que no entra en el cajón) es el pretexto para asomarnos en aquellos años fundacionales de nuestra Patria, tiempos de sus ideas emancipatorias, de batallas y traiciones.
Severa es una mujer comprometida con la causa pero también con sus raíces afro. En ella habita una especie de sincretismo religioso y cultural que le imprime una cosmovisión diferente.
Valiente, guerrera y espía, Severa es una pieza valiosa para el Ejército del Norte. Ella se juega entera por una causa que por momentos le resulta lejana y ajena por su condición de mujer y morena.
Su vínculo con Belgrano, su coraje, su compromiso, su desilusión, su padecimiento y su muerte, marcan el ritmo de una narrativa en la que conviven una trama visible y otra invisible. La visible da cuenta de aquellas mujeres que sí fueron parte fundante de los años de la revolución, comprometidas y jugadas hasta el final. La subtrama habla de la mujer en nuestra Historia, tan olvidada, tan lastimada, tan ultrajada y tan silenciada por los relatos oficiales.
La narrativa de María Laura Lerma es envolvente. No sigue la lógica convencional del género histórico sino que aparece como una voz oral y lejana que narra el pasado anclada en el presente. Su abordaje del pasado es revelador -el relato del éxodo jujeño y el retorno de aquellos que se despojaron de todo para desconcertar a los realistas, es maravilloso- pero también envuelve con un modo poético, sencillo y visceral.
“Negra muerta” es una novela conmovedora que invita a bucear una vez más en lo olvidado, en las pieles oscuras de las que venimos y que tantas veces negamos, y de esa Xuxuy tan lejana… Nos traslada a una Humahuaca cuyo paisaje geográfico y cultural le imprimen un clima único al relato.
María Laura Lerma es una autora para leer, descubrir y disfrutar. Su modo de decir atraviesa y vuelve bello aún los relatos más atroces.
El clásico como pretexto
El clima que propone Luisa María Ahumada en “La mujer y sus siete enanos farsantes” es muy diferente al de “Negra muerta”. En primer lugar la autora maneja con destreza la síntesis. Sus cuentos no se detienen en detalles, van al hueso. No busca artilugios ni metáforas, lo que duele, incomoda o interpela está ahí, al alcance del lector.
Cada cuento toma como disparador el imaginario de esos enanos de Blancanieves, los que supuestamente ayudaron a la princesa caída en desgracia. Sin embargo a estas mujeres no las ayuda nadie, solo son ellas quienes pueden romper el maleficio representado en círculo de violencia, abuso, vacío y renuncias personales.
Los relatos eligen mundos domésticos y relaciones intrafamiliares, tal vez porque es allí donde todo comienza: lo que somos y deseamos ser; lo que no somos y nos imponen ser; lo que se calla; lo que grita por dentro…
El género funciona, cada cuento termina como una bomba a punto de estallar. No espera la explosión, la sugiere, y el lector queda allí con una granada activada en la mano, pensando y repensando. Es de esos textos que dialogan con el lector, lo incomodan, corren sus límites. Ninguna historia es lo que parece, o más bien toda historia tiene por detrás algo más.
En lo personal, recomiendo especialmente tres relatos: “El enano sabio” (cuyo fragmento compartimos en Babilonia como lectura de verano), “El enano feliz” (que invita a reflexionar sobre la in/felicidad) y “El enano gruñón” (un cierre maravilloso para este libro).