Amar, desear, dudar

En “Fidelidad”, el italiano Marco Missiroli despliega un relato controvertido y agudo donde nos invita a indagar acerca de las lealtades dentro del matrimonio.

Menudo trabajo se ha puesto al hombro el escritor italiano Marco Missiroli al escribir la novela “Fidelidad” (Duomo Nefelibata), ya que si no es sencillo hablar del amor como sentimiento correspondido, sin miserias ni deslealtades entre dos personas, menos aún es hacer referencia a todo aquello que lo atraviesa, cuando se lo acepta y se lo ¿intenta? preservar del tiempo y de las dificultades.

Porque, hay que decirlo, el libro de Missiroli (“El destino del elefante”, “Actos obscenos en lugar privado”) de principio a fin -y aunque sus personajes se debatan entre la verdad y la mentira, el tedio y la aventura, la seducción y la indiferencia-, estarán hablando, reflexionando, indagando sobre el amor.

Y digo menudo trabajo, porque aquí el autor no se ha detenido justamente en ese proceso de enamoramiento al que nos gusta caer, o al que caemos como inocentes la mitad de las veces, sino en aquel otro que es un continum y que tienen que ver más con la seguridad que con el desenfreno y con la rutina que con el asombro. Y por eso la novela no es tranquila sino repleta de sobresaltos, directa y provocadora, que nos invita a ir revisando y (de)construyendo conceptos ligados a la pareja.

Pero empecemos por el principio, o mejor dicho por la pregunta inicial: ¿Qué es el amor? Esto parece preguntarse el autor italiano durante toda la obra. O mejor dicho los protagonistas de su relato. ¿Cómo actúa alguien que dice amar a otra?¿Es la fidelidad una condición excluyente para asegurar que profesamos amor? Y para responderlo, abre un abanico de personajes con marcados dobleces, profundamente dubitativos o inseguros y torpemente honestos que tratarán de poner orden -y sobre todo luz- a su laberinto de sentimientos.

Carlo y Margherita son una joven pareja que vive ¿feliz? en Milán. Ella, profesional en crecimiento, él un escritor en las sombras que a penas a conseguido unas horas como profesor en la facultad. Se quieren, al menos ellos mismos lo dicen y proyectan -por lo tanto- empezar a formar una familia. Sin embargo, algo sucede. Una duda se apodera de ellos cuando un rumor iniciado en los pasillos de la universidad y del que habla todo el mundo, dice haber visto a Carlo intimando con Sofía, una de sus alumnas. Él lo niega, Marguerita le cree, o en realidad dice creerle, aunque en su interior no deja de preguntarse día tras día, año tras año, si aquello en verdad sucedió.

Si una infidelidad no se prueba, ¿nunca existió?

 

Quien duda, ¿ama?

Lo interesante de la narrativa de Missiroli es que no escatima en la información otorgada al lector. Entonces, mientras leemos, somos capaces de saber y ponernos en la piel tanto de Carlo como de Marguerita, como si pudiéramos, llegado el caso, ayudarlos a resolver su conflicto. Porque si piensan que con hablar (comentar) una sola vez sobre el altercado resolvieron ese traspié de pareja, se equivocan.

Se sabe que no hay abismo más grande en una pareja que la falta de certezas. Y esa duda sobre lo que pudo haber ocurrido en el baño de la facultad entre Carlo y Sofía no hace más que crecer mientras la pareja menos hablan sobre el tema.

Y los días pasan, y los años también. Y atravesados por la duda callada deciden hipotecar el futuro en una bella casa y tener un hijo. Y conocer a Andrea y a Manuela, otros dos personajes que se moverán como satélites entre ambos.

¿Cuándo empieza y termina una infidelidad? ¿Somos naturalmente fieles o infieles?

“¿y si traicionar, para él, hubiera sido el modo de volver a serle fiel a Marguerita?”, nos interpela en algún momento el autor o aquella voz que habla por él en el libro.

Una interesante particularidad de la trama de “Fidelidad” es que el narrador omnisciente salta de personaje en personaje sin avisos, anticipaciones ni herramientas gramaticales. Casi casi como un montaje audiovisual (por eso no sorprende que se esté preparando su producción para TV). En un momento hablamos de Carlo y el pensamiento de él no lleva a Sofía, y la vemos entonces a ella trabajando junto a su padre, mientras piensa a su vez en Margherita, a la que observamos de cerca enviando, por ejemplo un mensaje a Andrea. El lector vuela, o sobrevuela sobre cada uno de ellos posándose delicadamente tratando de descifrar aquello que sienten. Una manera diferente y ágil de darle cuerpo a una novela que si bien peca por momentos de ser demasiado reflexiva, no deja de ser una interesante postal moderna de los vínculos humanos.

“Fidelidad” ha tenido una gran acogida en el público italiano y europeo, y rápidamente fue vendida para su traducción en 25 idiomas, además, como dijimos, se está preparando su desembarco en Netflix en los próximos meses.

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