Mal de amores: Fiel a la esencia de sus personajes pero con un final apresurado 

La novela de Ángeles Mastretta desembarcó hace algunas semanas atrás en Netflix. Si bien la serie se toma sus licencias en relación a la obra original, respeta el alma de sus protagonistas y el estilo narrativo de la autora.
Pero al cierre le faltaron uno o dos capítulos más. Desconcierta y deja sabor a poco. 
Hoy en #LibrosQueTRaspasanElPapel hacemos foco en «Mal del amores». 

Por Fernanda Pérez


Las novelas latinoamericanas empezaron a poblar -en los últimos tiempos- las distintas plataformas. Algunas muy bien lograda -como “Cien años de soledad” o “Pedro Páramo”-, otras con muchas licencias pero igualmente entretenidas como -“Como agua para chocolate”-, y otras que no lograron estar a la altura de los textos originales como “La casa de los espíritus” o “Delirio”. 

En esa seguidilla literaria por los textos de Gabriel García Márquez, Juan Rulfo, Laura Esquivel, Isabel Allende o Laura Restrepo, Netflix hizo su apuesta por Ángeles Mastretta. 

Si hay algo que diferencia a Mastretta del resto de las autoras latinoamericanas de la época, es su particular sentido del humor. Esa picardía vuelve a su personajes entrañables y arrancan sonrisas aún en los contextos más adversos.  

“Mal de amores” es una novela que tiene como escenario central a Puebla (México), aunque también transita por otros lugares del país y de  Estados Unidos. Toma como contexto histórico fines del XIX e inicio del  XX,  desde la etapa prerrevolucionaria pasando por la caída de Porfirio Díaz y los tiempos de la Revolución. 

Ese entramado de luchas y rebeliones, es el marco en el que se desarrolla la vida de los Sauri y los Cuenca, dos familias cuyas historias quedan entrelazadas por amistad, lealtad y amor. 

Diego Sauri, el boticario, es un hombre nacido en el Caribe con mentalidad liberal. Su esposa Josefa es un poco más conservadora, aunque no escapa a la influencia de su  marido y de su hermana Milagros, feminista y defensora de las ideas progresistas. Allí nace Emilia, la gran protagonista de esta novela. Entre yuyos y recetas de la botica, aprende algo del arte de curar. Luego complementa sus conocimientos con sus visitas a la casa de los Cuenca, donde el padre -doctor y librepensador- le enseña casi todo lo que sabe sobre salud y anatomía. Cuenca tiene dos hijos: Salvador y Daniel. Ambos abrazan la causa de la justiicia, la igualdad y la revolución, en especial Daniel. 

Emilia y Daniel se conocen siendo niños, y desde entonces ambos forjan un amor eterno e incondicional que se ve truncado una y otra vez por las ideas a las que adhiere él y por el deseo de ella de transformarse en doctora. En medio de todo eso llega a Puebla el doctor Zavalza, un personaje encantador que conquistará también el corazón de Emilia y que le brindará esa estabilidad que necesita. 

Mastretta construye magistralmente el mundo de ideas, remedios y curaciones que se teje entre los Cuenca y los Sauri, como así también a esta fascinante Emilia que se debate entre dos amores. 

La serie toma como estructura argumental el transfondo socio-política de la época, y las luchas y sueños de sus personajes centrales. Y en ese punto logra un relato atrapante y cercano al texto original. Nadie duda de esa pasión -por momentos intrépida y desbordada- con la que Daniel enfrenta el mundo; tampoco de la inteligencia y la rebeldía natural de Emilia. Ella es producto de ese hogar tan especial que no claudica ni siquiera frente a las presiones sociales. Y luego está Zavalza quien con su lealtad  incondicional también se gana el corazón de la protagonista. 

Los actores se lucen en este diseño de personajes que se mantienen fiel al libro y a la narrativa de Mastretta. Hay ternura, humor, drama y romance. Se podría decir que hasta el sexto capítulo (la serie tiene 7 en total), la historia funciona. Es entretenida, ágil y atrapa. 

Pero cuando llega a la última entrega, algo empieza a acelerarse. Al punto la escena culminante  parece no tener nada que ver con todo lo que se ha narrado antes. Ni los protagonistas, ni las resoluciones, ni esa original manera de exponer el dilema de una mujer que está enamorada de dos hombres.

 En el texto original Emilia construye su familia con Zavalza (en la serie se da a entender que es así) pero Daniel reaparece cada tanto en su vida. De allí que a medida que conoce a los hijos de Emilia consulta si alguno es de él, y ella siempre responde “aquí todos los hijos son de Zavalza”. 

Esta puja entre dos amores no se vive como engaño o de manera traumática por el qué dirán. El verdadero dilema está en  el corazón de Emilia quien ciertamente sufre por esas contradicciones que la llevan en algunos momentos a los brazos del doctor Zavalza y en otros inevitablemente a los de Daniel. 

Por fuera de esa acelerada resolución -que ciertamente empaña al producto en general- el resto de la serie está bien lograda y cuenta con actuaciones convincentes. En el elenco se destacan Renata Vaca (como Emilia Sauri), Juan Pablo Fuentes (como Daniel Cuenca) e Iván Amozurrutia (como Antonio Zavalza). 

Dato de color 1: La producción está dirigida por Catalina Aguilar Mastretta quien es también una de las guionistas centrales. Catalina es hija de Ángel Mastretta, autora mexicana que publicó esta novela en 1996 y que fue galardonada con el Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos.

Dato color 2: En los primeros capítulos aparece Lila Downs entonando una de las canciones de la serie.  

Quienes no leyeron la novela disfrutarán de la serie, aunque quedarán un poco desconcertados con el final, como si les faltara algo (y en términos reales, falta). 

Quienes sí la leyeron, volverán a enamorarse de esta galería de personajes adorables pero también sentirán que el cierre quedó a medio camino y no le hace justicia a la maravillosa narrativa de Mastretta. 

Lo que sí es seguro es que, en todos los casos, saldrán a la búsqueda de los libros de la autora.  

¿Qué leer despúés de “Mal de amores”? Sin dudas “Arráncame la vida” y los relatos de “Mujeres de ojos grandes”.

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