5 razones para leer “Háblame de lo invisible”

Sin abandonar el género romántico, la nueva novela Anabella Franco indaga sobre otros temas (en algunos casos dolorosos) como el deseo de ahijar, la pérdida y la valentía de dejarse sorprender por la vida.

Anabella Franco es una autora que ha hecho del género romántico su lenguaje. Tiene novelas contemporáneas para adultos y jóvenes, incursionó en sagas con ambientación futurista y en sus orígenes también se animó al histórico. Ella maneja muy bien los condimentos que requiere toda buena historia de amor. Sin embargo, en “Háblame de lo invisible” despliega un relato en el que se atreve a indagar sobre dos o tres temas muy interesantes y profundos: el deseo de ahijar, el dolor ante lo irreversible y la capacidad de levantarse aún en los peores momentos.

A continuación, les contamos las 5 razones babilónicas para sumergirse en las páginas de “Háblame de lo invisible”.

Razón 1: Giros sorprendentes.

Aunque la novela tiene la estructura propia del género, hay algunos giros inesperados. Si bien en algunos casos son angustiantes, es evidente que la autora tenía un objetivo claro y concreto y lo sostuvo en la historia. Arriesgado pero interesante. 

Razón 2: Ahijar desde el deseo

El deseo de ahijar está muy presente en esta historia. Anya quiere ser madre, lo ha intentado por todos los medios y no puede. Renn es un gran padre y está dispuesto a lo que sea para salvar a su hijo. Anya ha sido a su vez una muchacha amada por su madre pero tal vez un tanto abandonada por su padre. Renn tiene una familia cariñosa, numerosa, cercana. Esas y otras tantas historias nos enfrentan al complejo proceso que significa maternar o paternar, y sobre todas las formas posibles que hay para llegar a eso. El relato es genuino, no pinta un mundo color de rosas. Más aún, por momentos es duro y hasta un poco descarnado. Pero en esa autenticidad reside su belleza.

Razón 3: Buen ritmo narrativo

Aunque se trata de una novela extensa (de casi 600 páginas), la autora logra una tensión narrativa que nunca decae. Casi sin querer, es un relato que se estructura en 3 momentos, como si fueran algo así como 3 novelas breves en una. Cada momento tiene su peso argumental, su fuerza dramática e incluso su desenlace.

Razón 4: Personajes adorables

En la narrativa, y en especial en la novela, la construcción de buenos personajes lo es todo. Aunque es un relato extenso el protagonismo está sostenido esencialmente en Anya y Renn. Ambos provienen de historias y culturas diferentes (ella es norteamericana, él colombiano; ella tiene una familia reducidísima, la de  él es enorme). En esa diversidad reside el encanto. Los dos traen a cuestas sus dolores y pérdidas. Anya su esterilidad y divorcio; Renn su viudez y la enfermedad de su hijo. Sin embargo, aún en sus peores momentos, son personas con una enorme capacidad de entrega. Es fácil creer en ese amor, es sencillo empatizar con ellos. Y lo interesante es que no solo hay una especie de contrapunto entre los protagonistas, sino también en el interior de ambos. Anya que parece angelical y vulnerable, muestra más de una vez su fortaleza y entereza. Renn que parece tan positivo y audaz, es también un hombre que llora, que sufre y que más de una vez se deja caer. Un detalle no menor, es ese modelo de masculinidad que representa Renn. Hace tareas de la casa, es un padre presente, no es posesivo, es tierno. Otro acierto de la autora que rompe con los viejos esterotipos del género. 

Razón 5: El amor nunca falla

Obviamente que quienes recorran estas páginas encontrarán una buena historia de amor, sensible y creíble. Lo que comienza como un acuerdo poco a poco va tomando otro camino. No se trata de algo pasional, es más bien el encuentro físico y espiritual de dos almas que buscan sanar y volver a creer.

No solo hay sensualidad sino que el vínculo entre Anya y Renn da cuenta del enorme valor del compañerismo, en especial en los momentos difíciles. 

Fernanda Pérez

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